Medusa Ante el Espejo

El rechazo inmediato que tuvieron los memes sobre la explosión de Tlahuelilpan, Hidalgo, nos demuestra que campea entre nosotros algo más que corrupción o ausencia de valores. También refiere que vivimos una realidad más atroz de lo que solemos admitir porque padecemos de esquizofrenia moral, pues nos horrorizamos ante un meme (sí: insensibles y de mal gusto) pero no protestamos ante otras manifestaciones cuyos contenidos son igualmente lesivos.

El argumento que justificó la condena refería la falta de sensibilidad frente la tragedia y, en especial, de respeto a las víctimas (sobresale el caso de un meme donde aparecían los cuerpos calcinados). La reacción me hizo recordar a Susan Sontag y su teoría sobre una tendencia en Occidente por contemplar animaladas (práctica cuya arena, por excelencia, es Internet). Según Sontag, eso suprime o reduce la náusea moral y atrofia nuestra reacción a los atropellos de la vida, teoría con la cual difiero no por el fuerte sustento socio histórico de nuestra fijación por las aberraciones (¿puede haber algo más sombrío que comer frijoles con veneno o visitar El blog del narco?).

Por supuesto que habrá personas desequilibradas entre los aficionados a las atrocidades y una franca falta de sensibilidad entre aquellos que disfruten con expresiones como los memes en cuestión, pero debemos entender a dicha afición como un fenómeno complejo que puede servirnos para entender y explorar los territorios de la maldad. Claro: el requisito principal consiste en encarar a tales territorios como son, aceptar su existencia aún y con su inevitable carga de mal gusto o falta de respeto (puntos que no justifico pero que ameritan otro tipo de análisis) y asumir que –Medusa ante el espejo- nuestra aparente normalidad es terriblemente siniestra y monstruosa por tantos lastres cuya extensión impide citarles en este espacio. Si hacemos eso podremos provocar sentimientos de cohesión que nos integren, incluso puede suceder que, como en el caso de Frankenstein, nos encontremos con que tales horrores quizá oculten situaciones o necesidades urgidas de una buena dosis de compasión o empatía. Ese sería el

primer paso para actuar como ciudadanos responsables, cierto, pero sobre todo como seres humanos en toda la extensión del concepto.

El punto, en conclusión, no deben ser los meme como tales, sino más bien preguntar por qué la tragedia de Hidalgo tuvo como acta de nacimiento un ilícito que pasó a convertirse en un carnaval cuyo boleto de entrada fue el desdén a las leyes travestido en despreocupación suicida. El debate, entonces, no se debe convocar en torno a una imagen anónima pese a su enorme carga de insensibilidad y –repito- mal gusto. Más bien urge analizar nuestra voluntad por actuar mal con los otros, esa voluntad que, lejos de afirmarnos como almas piadosas dedicadas a salvaguardar el respeto y las formas, revela una identidad como hienas dispuestas a tirar la tarascada en la primera oportunidad.

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  • hace 49 años, 1 mes creado