El árbol generoso.

Cuando nos encontramos a una persona que pide limosna no podemos evitar preguntarnos que que dificultades plagan su vida y que será de ella. Independientemente de si respondemos a su solicitud de caridad, se genera en nosotros una reacción. Como miembros de una sociedad tenemos ciertas tendencias morales que nos impulsan a ayudar a aquel que nos pida ayuda, más no necesariamente a buscar a quien ayudar. Nuestra aversión a la culpa nos permite ser, por lo menos, reactivos en lo que a ayudar al prójimo se refiere.

La mentalidad humana actual en una sociedad desarrollada, es una en la cual se trata constantemente de facilitar la vida de sus integrantes. Cada vez más derechos van surgiendo y se promueve una libertad progresiva que, subjetivamente, se graba en nuestras mentes como algo a lo que se debe tener un acceso inherente por estar vivos y existiendo. Sin duda alguna nuestra meta es hacer la realidad lo más cómoda y sin riesgos posible. Podemos verlo como adaptación evolutiva, pero claramente sobrepasamos las necesidades básicas y llegamos al punto donde los lujos pasan a ser esas mismas necesidades. Al igual que una brida puede ajustarse más pero no retroceder su nudo, el ser humano solo buscará más de estos beneficios sin perder ningunos de los que ya goza. Se puede decir entonces que cualquier tipo gobierno no tiránico busca hacer más sencilla y amena la existencia de los gobernados; sin embargo, se llega a un punto donde debemos preguntarnos si ese mismo gobierno tiene como finalidad objetiva simplemente una función administrativa de recursos, o si ciertamente recae sobre él una obligación de satisfacer los menesteres eternamente cambiantes de la comunidad. Si lo vemos de lado más técnico, el gobierno de una nación, estado o municipio solo debe de encargarse de la defensa de los derechos otorgados a los ciudadanos, la administración de sus riquezas y recursos, y la aplicación y ejercicio de las leyes judiciales para la seguridad. No obstante, con el paso del tiempo y de los distintos experimentos sociales como lo fue el comunismo, y como lo es el actual socialismo, es cada vez más aceptado, incluso en regímenes capitalistas, un rol gubernamental del que se espera un constante flujo de beneficios hacia el pueblo que van más allá de las funciones mencionadas anteriormente. Éstos van desde apoyos económicos, incentivos y un sin número de programas sociales con nombres verdaderamente creativos.

Las temporadas electorales generalmente están plagadas de promesas, pero sin duda las más populares y efectivas son aquellas que involucran un subsidio o ingreso para el electorado. Es pues la sociedad un grupo de personas con las manos abiertas esperando beneficios que se hacen pasar como progreso social, más no hay síntoma más claro de un pueblo estancado que el de una constante demanda de tales beneficios. Es claro que una entidad social desarrollada tiende a una constante auto mejora al nivel personal y que destaca en el sector privado. Cuando el sector privado florece y la intervención gubernamental es mínima, es entonces donde el progreso se ha manifestado.

Sin duda se requieren programas sociales que sirvan de apoyo a la parte menos desarrollada de cualquier comunidad, no es necesario poner en debate las numerosas circunstancias que favorecen a la existencia de pobreza, así como la hidra de la corrupción que perpetúa la

distribución irregular de la riqueza recolectada por un sistema tributario adulterado. Sin embargo hay que entender el desarrollo y la evolución social como escenarios donde se fomenta la superación personal de los individuos, entendiéndose ésta como una cualidad que inherentemente les permite acceder a los recursos suficiente para una calidad de vida aceptable, libres de cualquier dependencia excesiva de un gobierno que ellos mismos conforman.

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  • hace 49 años, 3 meses creado